AMOR FRATERNO
Por Lisette Córdova de López
Vive con la alegría de ser guiado por el Espíritu Santo, contemplando el amor de Dios en el prójimo, reconociendo la dignidad humana a la luz de la fe; como invoca San Ignacio de Loyola “Jesús, sé mi guía, condúceme”.
La Beata Luisa Teresa de Montaignac invita a descubrir a un Dios pobre, pequeño y sufriente y amarlo con todo el corazón; el amor de Dios exige humanizarse con el prójimo, ir en búsqueda de relaciones sociales, políticas y económicas basadas en el respeto y la justicia. Sin embargo, los prejuicios o temores limitan a ayudar al desamparado, en virtud de evitar riesgos y mantener la seguridad social. Pero ¿la sociedad salvadoreña actúa justa y equitativamente con compromiso y solidaridad o está sumergida en el acaparamiento, despojo, lucha de poder y desigualdad?
Las campañas publicitarias alimentan la obtención de bienes materiales de consumo como necesidad apremiante, relegando a la familia y haciendo uso desmedido de los recursos; pero el Evangelio de San Lucas 12, 15 exhorta: “¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!”.
La pandemia por Covid 19 ha agudizado diversos problemas socioeconómicos y emocionales, como cristianos estamos invitados a solidarizarnos y ser empáticos a las necesidades de los hermanos y hermanas que sufren; despojándonos de la indiferencia e individualismo, mostrando el amor misericordioso de Dios a enfermos, pobres y excluidos. Ante la enfermedad no hay riqueza que soborne a la muerte; los bienes son necesarios para vivir, pero acumularlos mientras otros carecen de ellos es negar el reino de Dios.
Los bienes no son sinónimo de felicidad, implementemos una redistribución equitativa y sustentable de la creación en los diversos ámbitos de desarrollo. La Beata Luisa Teresa de Montaignac nos invita a “Ser en el mundo testigos de la ternura del amor de Dios”. Y tú ¿vives en armonía con la voluntad de Dios o tus afanes responden a estatus o apariencia?
